PUBLICADO: 05/10/10 - 10.00 hs.
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Por Federico Arias
MIENTRAS la sociedad civil latinoamericana salía en defensa del vapuleado Presidente ecuatoriano Rafael Correa, en la Argentina muy pocos se animaron a condenar otro ataque golpista: el de Hebe de Bonafini, cuando incitó a la rebelión al declarar que había que "tomar los Tribunales y echar a patadas a la Corte Suprema de Justicia".
En el Ecuador, un reclamo de aumento salarial por parte de la policía terminó con el Presidente agredido por los reclamantes, y casi casi, tomado de rehén.
Los gobiernos de la región se movieron rápidamente, para sostener la investidura presidencial de Rafael Correa.
En la Argentina, la señora de Bonafini se dió el gusto de atacar al sistema representativo, republicano y federal, sin que ninguno de los otros dos poderes de la democracia, saliera en defensa del agredido Poder Judicial.
El Poder Legislativo hizo mutis por el foro.
El Poder Ejecutivo logró mantener silencio, apenas, por un rato. Hace unos días, Néstor Kirchner desnudó que en realidad, Hebe era la primera en encolumnarse detrás de su "causa": en su Santa Cruz natal, organizó un acto, acompañado por sus gobernadores más allegados, en contra de un fallo de la Corte Suprema de justicia.
Uno de los miembros de esta Corte "traidora", Eugenio Zaffaroni, intentó desdramatizar las declaraciones de la Madre de Plaza de Mayo, buscándole una interpretación sociológica al asunto.
Zaffaroni declaró públicamente que "los argentinos andamos con cadena, pero hay íconos a los que se les permite andar sin cadena: uno de esos íconos es Hebe".
Ahora bien: ¿qué hubiera pasado si en lugar de la señora de Bonafini, esas palabras las hubiera dicho algún referente de la oposición, como Elisa Carrió, Hermes Binner, Ricardo Alfonsín, Felipe Solá?
Inmediatamente, el oficialismo los hubiera acusado de "golpistas", llevados a juicio, y es probable que terminaran en la cárcel, lo cual hubiera sido correcto.
Porque habrían atentado contra una de las instituciones más importantes de la República.
Ni hablar si estas declaraciones salían de la boca de Carlos Menem, Francisco de Narváez o Mauricio Macri: les hubiera quedado muy chico el mote de "fascistas" con que las huestes "K" suelen (des) calificarlos.
Si hay algo que queda claro cuando se habla de democracia, es que somos todos iguales ante la ley, nadie tiene "coronita": ni siquiera una luchadora por la verdad y la justicia, como Hebe de Bonafini.
Sus penosas palabras hirieron al sistema democrático, y ensuciaron vanamente su gran trabajo por la vida y la libertad.
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