PUBLICADO: 10/02/10 - 13.00 hs.
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Por Claudio Serrentino
Periodista, fundador de "La Bocina"
PRIMERO creí que era una broma, una "chicanita" entre ellos, levantada por los medios.
Ahora, cuando todo el plantel político oficial tiembla detrás de la operación de carótida del ex Presidente Néstor Kirchner, mientras esperan con ansia el parte médico... Que alguien salga a decir que la intervención quirúrgica no se hizo en el Hospital Argerich porque "tiene problemas como todos los hospitales de la Ciudad (...) Yo aconsejé que no fuera, no sólo por él sino que ningún paciente en esas condiciones estaría en sus mejor situación de ser atendido" es poco menos que desubicado.
Sobre todo, si esas palabras salen de boca de Donato Spaccavento, ex ministro de Salud en tiempos de Ibarra, y actual integrante de las lides sanitarias "K".
Siguen las palabras del Doctor: "Si bien no estoy yendo diariamente al Argerich, sé por otros colegas en las condiciones de insumos y de medicación específica, que tiene problemas como todos los hospitales de la Ciudad".
La pregunta que se cae de madura es: ¿por qué, justo ahora, Spaccavento cae en la cuenta que hay que decir públicamente que los hospitales son un desastre? ¿Recién cuando hubo que operar a Kirchner, el gerente de prestaciones especiales del Ministerio de Salud nacional sale a hacer semejante denuncia?
Qué suerte tuvo Kirchner, como no había insumos en el Argerich, no le quedó otra que ir a un "hospitalito" privado: la clínica "Los Arcos", un lugar progre, nac y pop, a tono con la humildad del Primer Ciudadano.
El Gobierno de la Ciudad, a través del jefe de Gabinete del Ministerio de Salud, Néstor Pérez Baliño, primero dijo que "el hospital esta absolutamente operativo, y de ninguna manera hay desabastecimiento. Las declaraciones de Spaccavento no parecieron un discurso médico, sino absolu-tamente político".
El Ministro Diego Santilli le recomendó a la gente que acuda al Hospital Argerich, ya que a su suegro le salvaron la vida tres veces en el nosocomio del barrio de La Boca. “Tiene los insumos, la capacidad, toda la tecnología, y los médicos de primerísimo nivel”.
Sin querer, o queriendo, Santilli dió en la tecla: me gustaría encontrarme en las colas de las 4 de la mañana, para obtener un turno en el hospital público, a ministros, legisladores, secretarios... Y no sólo en el hospital público, también, en la escuela pública, y en el transporte público.
Si de verdad quieren ejecutar y legislar, deben ver la realidad. Y la única realidad, está en hospitales, escuelas y trenes del Estado.
Debería ser una obligación que, aquel que ocupe un puesto como funcionario, en lugar de tener "salvoconductos", pase por todos los lugares y penurias que tiene que pasar el ciudadano común. Minga de choferes, escuelas trilingües o sanatorios exclusivos. ¡Bánquense la que se bancan los que no tenemos nada!
Como Pueblo, ya probamos dándoles privilegios y los resultados fueron nulos: tienen pasajes aéreos abiertos, secretarias por doquier, vacaciones cuando se les antoja, tienen todo y más, y sin embargo, los resultados concretos para la mayoría no aparecen.
Quizás, si les toca a ellos, se preocupen para acelerar el cambio, y logren mejorar la educación pública, la salud pública, el transporte público, la seguridad pública.
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