PUBLICADO: 23/4/08 - 10.00 hs.
Por Claudio Serrentino
Periodista, fundador de "La Bocina"
FUERON sensaciones encontradas, las vividas ese 22 de Abril de 2008. Por un lado, sentí alegría. Alegría de ver ese edificio, imponente, flamante, lleno de pibes que quieren estudiar. El sueño vecinal hecho realidad. La lucha duró más de 60 años, pero dió sus frutos, y ahora podrá disfrutarlo todo el barrio.
Por otro lado, sentí vergüenza. Vergüenza de ver cómo algunos integrantes de la comunidad educativa del colegio "Larroque" ignoraron olímpicamente todo el trabajo vecinal, y se adjudicaban el mérito de haber conseguido el edificio.
Una falta de respeto -por parte de aquellos que deberían enseñar a respetar, y aprender a respetar, eso es educación, después de todo- hacia quienes dedicaron ideas, trabajo, esfuerzo y horas de su tiempo solidariamente, con el único objetivo de conseguir una escuela para el barrio...
La falta de respeto fue tal, que casi no le permitieron dirigir la palabra en el acto inaugural, a un ícono de Floresta: Silvia Irigaray, la mamá de Maxi, uno de los pibes "fusilados" de Floresta. Ella, fuerte, solidaria -Madre del Dolor al fin- debió imponerse y representar a los vecinos en un acto que pretendió ignorarlos.
Falta de respeto que se percibía en el aire y que intentó corregir el ministro de Educación porteño, José Nadorowski, quien se levantó de inmediato al escuchar las palabras de Silvia, y las agradeció públicamente.
Debió haber sido una fiesta de todo el barrio, porque todo el barrio consiguió la nueva escuela: y perdón, pero no me conformo con que las autoridades de la escuela hayan mencionado, como al pasar, sólo a un grupo vecinal, porque durante 60 años fue mucha la gente que luchó y participó para recuperar ese predio para la comunidad. Fue mucha la gente que puso ganas, voluntad, vocación por mejorar las cosas. Y eso no se puede ni se debe ignorar.
Porque cuando digo todo el barrio, digo todo el barrio, y entre todo el barrio están los vecinos que solicitaron hace más de 60 años el traslado del corralón municipal de Gaona y Gualeguaychú; Lucho Bordegaray, que a través de una investigación publicada en "De par en par" hizo público el tema; "La movida de Floresta", que sacó a los vecinos a la calle con sus "escobazos" y comenzó a llamar la atención de las autoridades, logrando la construcción de la "Plaza de la Victoria"; Alejandro Pérez, que fue el autor del proyecto para construir la escuela en el predio (ausente en el acto inaugural); los vecinos que votaron como prioridad la construcción de la escuela y la plaza (¿y la plaza?) en el Presupuesto Participativo (entre ellos, "Mano a Mano con Floresta"); la Asamblea de Floresta, que hizo todo el seguimiento del tema para que la obra se concrete, y también organizó -entre tantas otras actividades- el concurso de esculturas en homenaje a los "Pibes de Floresta", del que fue miembro del jurado nuestro Vecino Ilustre Antonio Pujía; Silvia Irigaray, que realizó gestiones para lograr que la empresa recolectora de basura se fuera del predio; los medios barriales que nos ocupamos de cubrir la información inherente y transmitirla al barrio; los que participaron en diversas reuniones, asambleas, entrevistas con funcionarios oficiales y "abrazos" al predio cuando la obra se había paralizado; y tantos otros de los que ahora me estoy olvidando (perdón) pero que estuvieron cuando había que estar...
Por todos ellos, sentí dolor. Dolor de que un establecimiento educativo estatal ignore este gran logro vecinal. Y al ignorar el gran logro vecinal, esa escuela nos está enseñando una triste lección: que la solidaridad es inútil, que la participación no sirve, que la lucha por el progreso es una quimera inalcanzable.
Sí, es cierto. Los estudiantes del "Larroque" reclamaron por un nuevo edificio. Cortaron la calle. Tomaron la escuela. Pero que nadie tenga dudas: el nuevo edificio escolar se consiguió gracias a los vecinos. Basta con mirar los archivos del ministerio de Educación porteño, y cotejar quiénes participaban en las reuniones con las autoridades, para concretar la construcción del nuevo edificio...
Por eso, quienes organizaron el acto de inauguración del nuevo edificio del "Larroque"´se sacaron un "cero" en historia. En historia barrial, al menos.